Año Nuevo – Pagina Nueva – Proyectos Nuevos!

Empezamos el año 2016 con más energía que nunca!

Seguimos haciendo realidad nuestros sueños y avanzando en nuestro proyecto EcoCasa Suyana. Y queremos dedicarle un espacio especial, por eso creamos una nueva pagina: www.ecosuyana.com

Los invitamos a ir a descubrirla. Y también los invitamos a descubrir un nuevo proyecto dentro de EcoCasa Suyana! Si, no paran los desafíos y las ganas de compartir nuestro sueño, así que vamos a organizar talleres de construcción natural. Para más información entren rápido a http://ecosuyana.com/participa/talleres/

Nos vemos muy pronto en ese nuevo espacio y seguimos en contacto en nuestro blog de siempre también!

Feliz año nuevo y… animense a aprender con nosotros y unanse a nuestros talleres!

Abrazos,

Atina, Noa y Cris


 

L’année 2016 commence avec plein d’énergie!

Nous continuons à rendre nos rêves réalité et faire progresser notre projet EcoCasa Suyana. Nous voulons lui dédier un espace spécial, nous avons donc créé une nouvelle page: www.ecosuyana.com

Nous vous invitons aller la découvrir et parcourir sans modération.

Et nous vous invitons aussi à découvrir un nouveau projet dans EcoCasa Suyana! Et oui, nous adorons les nouveaux défis et notre désir de partager notre rêve est infini. C’est pourquoi nous allons organiser des ateliers de construction naturelle. Pour plus d’information entrez vite ici: http://ecosuyana.com/participa/talleres/

And we are switching languages… Vous êtes à chaque fois plus nombreux à nous suivre, alors nous avons décidé de donner la priorité à l’espagnol et à l’anglais. Mais évidemment nous pouvons répondre à vos messages en français si vous le souhaitez!

A très bientôt dans ce nouvel espace!

Bonne année et… venez apprendre avec nous et participer à nos ateliers!

Abrazos,

Atina, Noa y Cris

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Queremos agradecer a todos los que nos apoyan en esta aventura! Cada vez mas realista es hacer lo imposible!!

GRACIAS

– Gaby Macc
– Sven Vanessa Ewert 
– Eric y Bernadette Bertrand
– Phillipe Gudin
– Mat Cots Soto
– Terenzio Casale Guesalaga
– Nikki Holzberg
– Alan Mouton 
– Diego Alvarez Fraioli
– Alejandra Rivas Millan
– Sandra Casal.

Entre todos podemos hacerlo!!

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Vamos por más!

Nuestra aventura toma un nuevo rumbo! Hoy cambiamos nuestra extraña rutina: de paisajes variantes, de no saber donde vamos a dormir ni donde vamos a amanecer, de decisiones a diario, por la comodidad de una casa con un jardín enorme, inmersa en la naturaleza, con vista sobre las montañas y los valles, y con atardeceres que nos sorprenden cada día.

Sí, decidimos dejar de ser nómades por unos meses, para recibir con tranquilidad y en la naturaleza a nuestra futura bebe. Pero seguimos con la misma energía y curiosidad que durante el viaje. Aquí estamos, en Los Cocos, Cordoba (un lugar simbólico ya en nuestra historia, y que muchos conocieron), instalados hasta finales de Julio antes de retomar el viaje.

Es un momento oportuno para reorganizarnos, analizar lo vivido, aprendido y compartido durante estos meses de viaje por Argentina, Chile y Bolivia.

Seguimos con las fuertes imágenes de paisajes extremos y encuentros mágicos. Y tenemos más ganas que nunca de movilizarnos para mejorar las condiciones de nuestro continente, luchar contra las injusticias, y minimizar el impacto sobre nuestra tierra. Hemos disfrutado y aprendido mucho en esta primera etapa del viaje, y la aventura continua! Ya estamos pensando en como canalizar nuestra energía y lo antes mencionado en un nuevo proyecto.

Mientras tanto, los esperamos para compartir historias, momentos, atardeceres y mates de coca, en nuestra casita serrana. Y así podrán enterarse en persona y ojalá sumarse a nuestros futuros proyectos!

 

Atascados en la aventura: entre barro, lágrimas y solidaridad

Ya hemos sobrevivido caminos de tierra con piedras, lodo, ríos y arena. En las partes difíciles, Cristian se baja a considerar por donde pasar, mientras yo sudo la gota gorda y hasta empiezo a rezarle a la suerte. Metemos la 4×4, y decididos (yo no tanto) decimos “Vamos!”. Cristian acelera, embriaga y pasa cambios y volantea con destreza, mientras yo voy asistiéndolo de copilota.

Pero nunca nos tocó un camino tan difícil como el que separa Villa Serrano de La Higuera. Ese día ya empezó con aventura, mientras filmábamos con diversión la espesa niebla que nos dejaba ciegos a más de 3 metros a nuestro rededor.

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La lluvia tropical vino a reemplazar la niebla, y durante horas se alternaron chaparrones con llovizna. Todo venía bien, hasta que Cristian pronunció las palabras “pensaba que la ruta iba a estar peor”. A los pocos metros, divisamos dos buses frenados.

El agua había bajado por la montaña trayendo lodo y piedras, y se había creado un río que cerraba la ruta. Nos sorprendió ver a la gente salir de los buses bajo la intensa lluvia, incluyendo los propios pasajeros, para intentar generar un camino para cruzar con sus palas. Yo no podía creer ese impulso de solidaridad, y es una situación que jamás se hubiera visto en Europa (pagar por un transporte y tener que bajar a desatascarlo con sus propias manos).

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Mientras Cristian inspeccionaba el terreno con los hombres, yo me quedé hablando con Iván, un niño que acompañaba a uno de los conductores de bus. A pesar de ser su primer día de trabajo y de tener sólo 12 años, el pequeño sabio previó que el bus llegaría a Santa Cruz al día siguiente y no esa misma tarde. Iván es de una familia de 8 hermanos, donde sólo 4 tendrán la suerte de poder estudiar. “Hay que trabajar para comer, como dice mi papá”, declara el niño. Como él ya terminó la primaria, éste año le toca trabajar acompañando a su cuñado chofer entre Villa Serrano y Santa Cruz, por la modesta suma de 200 bolivianos por mes (como referencia, para comer en los mercados más baratos se necesitan mínimo 12 bolivianos)…

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Luego de 1 hora de trabajo de equipo, pasaron los buses y logramos cruzar. Nuestra felicidad duró poco, porque a la vuelta había otro río y uno de los choferes anunciaba que quedaban otros 3 cruces peligrosos. Mujeres y niños bajaron de los buses y comenzaron a caminar bajo la llovizna, en el barro, mientras todos los hombres colaboraban intentando arreglar el camino para que los buses cruzaran este nuevo desafío sin caerse al barranco.

La situación ya era digna de una película de Almodovar cuando “La Ingeniera Civil” nos frenó haciendo auto-stop y nos pidió que la llevemos un par de kilómetros.

Ante un nuevo obstáculo, recibimos la noticia de que “las maquinas” estaban llegando, según la ingeniera. Yo me angustié un poco más cuando la escuché gritar por teléfono “Por qué no me avisaron que la ruta estaba tan mala?! No me dijeron que estaba la plataforma húmeda!”. Parece que esto venía para largo…

Luego de unos pocos kilómetros, vimos a las famosas maquinas y dejamos a la ingeniera.

Pasamos el pequeño poblado de El Oro, desde donde salieron las maquinas y donde se frenaron otras dos camionetas que venían delante nuestro. A partir de este momento continuamos la aventura nosotros solos. Ya no habían huellas de autos que habían circulado antes, todo estaba borrado por la lluvia y el barro: nosotros abríamos camino. Cada 300 metros frenábamos, y se reproducía el mismo escenario: Cristian bajaba a examinar por donde cruzar y luego se las ingeniaba para transitar con nuestra pequeña Rodamundo.

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Sabíamos que quedaban muy pocos kilómetros hasta cruzar el puente del Río Grande. Pero de repente, otro gran obstáculo apareció: misma situación, pero ésta vez se ve más difícil. Antes de la montaña de barro y piedra, hay un gran charco de lodo que dificulta aún más el paso. Decidimos tomar el riesgo e intentar cruzar por una de las partes más altas teniendo la esperanza de que como la camioneta es ligera pudiera traccionar sobre la pequeña superficie más estable de la montaña de piedras, como había sucedido en la anterior ocasión. Tomamos impulso, cruzamos el charco de lodo, y con velocidad suficiente llegamos a la montaña, y la camioneta desgraciadamente lejos de treparla, se hundió en ella. Nos atascamos! Intentamos retroceder, pero no había manera de sacarla. “La vamos a sacar” dijo Cristian decidido, “de aquí no salimos más, esperemos las maquinas” dije yo simultáneamente.

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Me bajé y me senté pacientemente sobre una roca, mientras Cristian, terco, optimista e hiperactivo, comenzó a cavar con sus propias manos entre lodo y piedras. Ingenió un sistema donde puso las alfombras del auto bajo las ruedas traseras, después de remover enormes cantidades de barro. Esperanzado y obstinado, fue moviendo la camioneta en marcha atrás centímetro a centímetro. Para mi gran sorpresa, orgullo (y casi vergüenza por no haber confiado) logró sacar la camioneta!!! Salté a abrazarlo, besarlo y halagarlo. Le preparé un mate de recompensa, porque igual no podíamos cruzar esa zona.

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Llegó otra camioneta que nos dijo que venían siguiendo nuestra huella y nos informó que las maquinas venían atrás. Para ese entonces ya eran las 6 de la tarde, cuando habíamos salido a las 10 de la mañana y recorrido 60 km…

Teníamos la esperanza de que las maquinas abrieran camino y pudiéramos llegar antes del anochecer a destino (y quien sabe, cenar un pollo “broaster”!). Pero la aventura no se terminaba acá.

Al cabo de una hora, después de unos mates y una terapia de lodo para Cris y la Pequeña Rodamundo, grité con felicidad “Allí vienen las maquinas!”. Comenzaron a abrir camino, pero sólo 5 km más ya que luego de cruzar el puente del río Grande, pasábamos a otra provincia a la cual no pertenecían las maquinas.

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Al cruzar dicho puente, nuevos desafíos nos esperaban; desde lo lejos ya podíamos divisar varias quebradas con deslaves de lodo y piedra negra.

Al cabo de dos kilómetros vimos un montón de gente caminando y esta situación ya nos era familiar. Eran los pasajeros de los buses viniendo en la dirección contraria que se habían bajado mientras los choferes intentaban atravesar las zonas complicadas. Nos avisaron que uno de los buses se había quedado atascado impidiendo nuestro paso hacia arriba, y que las maquinas de aquella provincia no tenían luz para trabajar durante la noche. Pareciera una canción se Juan Luis Guerra: No me digas que las maquinas se fueron, Ohhh, No me digas que no tienen iluminación, Ohhh, No me digas que la montaña se vino abajo, Ohhh, No me digas que nos quedamos sin comida…

Aceptando la situación, intentamos calmarnos: pasaríamos la noche allí, al igual que los pasajeros de los buses y las demás camionetas. Nos fijamos en nuestras reservas de comida (que se fueron vaciando por falta de supermercados con productos industriales en Bolivia) y con una lata de arvejas y unos tomates improvisamos una ensalada para la cena. Y como todo es relativo, yo no paraba de pensar en la suerte que teníamos en comparación con la gente (incluyendo ancianos y niños) esperando afuera de los buses, sin comida, a la intemperie, y sin lugar donde dormir.

Al cabo de unas horas y tras incalculables intentos fallidos, el bus atascado logró moverse un par de centímetros liberando una parte del camino. Se acercaron tres conductores de otras camionetas convencidos en que era el espacio suficiente para que pasaran las mismas sin caerse al barranco. Querían que pasemos primero, pero Cristian les replicó humildemente que sean ellos los primeros. Al verlos pasar con margen, nos animamos a seguirlos. Así fue como continuamos cuesta arriba hacia la Higuera, a eso de las 10 de la noche.

El camino se lo sentía más firme, pero la visibilidad por la noche era reducida. “Esto no podría ser peor” pensaba, cuando de repente empezó una lluvia torrencial. “Esto es una pesadilla! Que más nos puede pasar?!” me quejé frente a la adversidad de las condiciones. Sabíamos que detrás nuestro no venía más nadie, y que las camionetas adelante seguirían por otra ruta mientras nosotros nos desviaríamos hacia la Higuera. Tomamos la difícil decisión de seguir camino hacia allá solos porque Cristian sabía que era turístico, seguro, y que habían hospedajes.

Pero sí, se podía poner peor. Las nubes bajas de la lluvia y nuestro continuo ascenso por la montaña hizo que pronto nos encontráramos inmersos dentro de la nube, con visibilidad nula y camino resbaladizo. Un cóctel explosivamente malo para manejar. Así siguió nuestra aventura, sumando mis nervios, pero al fin llegamos! Era plena media noche y el pueblo estaba apagado. Tan sólo iluminados por los relampagos a la distancia, bajo la lluvia torrencial, inclinamos nuestros asientos, nos dimos un beso de buenas noches, y dormimos por primera vez en nuestra pequeña Rodamundo.

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Los Valles Calchaquíes

El Norte Argentino, y en especial el circuito de los Valles Calchaquíes entre las provincias de Catamarca, Salta y Tucumán, tiene un encanto único – que se confirma con la cantidad de turistas de todo el país que afluye en verano.

Por suerte para nosotros, ésta zona todavía conserva sus secretos y se pueden disfrutar de algunos lugares más tranquilos (o será que a los turistas les encanta amontonarse). Nosotros, por lo contrario, huimos de las masas.

Recorrimos con placer Amaicha, pueblo de alta montaña que se enorgullece de su su clima árido y caluroso.

IMG_2829_01Allí yo me doy el gusto de un tamal que me recuerda las ricas hallacas de Venezuela.

IMG_2830_01Me sorprende la cantidad de mochileros invadiendo las calles y la plaza de este pueblito, pero Cristian me advierte que este es sólo el comienzo de la temporada.

Nos desviamos hacia Santa María, y descubrimos con alegría un pueblo con vida propia y mucha actividad local, fuera del circuito turístico.

Por su cultura y sus paisajes de montañas de colores, éste es un lugar que merece verdaderamente una parada de un par de días. Tenemos la suerte de descubrir los encantos del lugar a través de los relatos y consejos de Nancy, la dueña del camping El Sol, y guía turística. Antigua viajera por Latinoamérica, ella nos felicita y nos motiva a seguir con nuestro proyecto.

Seguimos nuestro camino rumbo al Norte, después de descubrir los telares y pasamos por las famosas Ruinas de Quilmes. Según el relato, el pueblo contaba con 7000 habitantes, y fue el último bastión de la resistencia Calchaquí a la conquista española. Los sobrevivientes Quilmes fueron trasladados a la zona sur de Buenos Aires que lleva su nombre. Sólo unos cientos lograron llegar hasta la actual zona de Quilmes, donde sólo unos 60 indígenas soportaron las condiciones de vida del lugar.

Después de las ruinas, almorzamos en la linda plaza de Colalao del Valle, y llegamos a Cafayate, que nos recibe con sus famosos viñedos de altura y cerros rojizos. Cafayate nos cautiva, y tiene mucho por ofrecer. Es imposible resistir al encanto de sus casitas de colores estilo colonial, y sus comercios, bares y restaurantes rústicos preparados para el turismo (en el buen sentido). Aquí se mezclan con alegría mochileros argentinos y turistas extranjeros en busca de turismo rural, cultural y gastronómico, en un entorno de montañas altas y coloradas.

Privada de degustación de vinos, yo me deleito con quesos de cabra y dulces regionales. Y como somos hiperactivos y amantes de la naturaleza, nos aventuramos hacia El Divisadero para hacer el paseo de las cascadas del Rio Colorado. Es una caminata a lo largo del río (que NO necesita guía, aunque insistan, digan que lo pueden hacer solos), donde se cruza varias veces el mismo y se pueden ver varios saltos y pozos de agua. El paisaje entre un cañadón rojizo y cardones es increíble.

_DSC0884_01 _DSC0895_01 _DSC0901_01 _DSC0922_01El itinerario de los Valles Calchaquíes continúa hasta Cachi, pasando por Molinos y Seclantás, pueblos historicos muy lindos para recorrer, hasta el Abra del Acay a 4600 msnm, donde nos agarró una tormenta eléctrica y nieve!

Tortillas y empanadas de queso en Cachi Iglesia de Cachi Cachi Cachi Empanadas en CafayateEn lo que va del viaje, el Sur Argentino nos maravilló con su belleza de paisajes, pero el Norte también tiene lo suyo en éste aspecto y una gran riqueza cultural.

Una aventura entre hippies y cordillera

Famoso por ser un enclave hippie en el medio de la cordillera, descubrimos que El Bolsón tiene mucho más para ofrecer. Entrando desde el sur por la ruta 40 vemos que ya se respira algo especial. Es un valle hermoso entre la majestuosidad de ese cerro casi vertical de pura roca que es el Piltriquitron y la cordillera de los andes toda nevada.

Los días que vivimos en este pueblo gozamos de la buena onda que la gente trae, visitamos la famosa feria de artesanos (que se da los martes jueves y sábados), y nos dispusimos a surcar sus montañas.

Queríamos hacer un paseo de tres días por la montaña, pasando por los refugios Hielo Azul, Laguna Natación, y Cajón del Azul. Vimos el pronóstico y aguraba dos buenos días y un tercero con probables lluvias, ya estaba decidido: era el día ideal para salir. Tomamos un taxi hasta el Callejón de Doña Rosa (lugar donde empieza el sendero), y comenzamos a bordear el majestuoso Río Azul. Llegamos a la pasarela que lo cruzaba y ya nos dábamos cuenta que esto iba a ser una verdadera aventura. Como aún no es temporada de turismo, no se han hecho las reparaciones y como consecuencia de la caída de un árbol sobre uno de los tensores de la pasarela, ésta quedó torcida. Pasamos con cuidado, de a uno, y comenzamos el ascenso en un hermoso día de sol.

Luego de 6 hs de trekking y de pasar por diferentes tipos de paisaje, con diversa flora, llegamos a lo que creíamos que era la parte final hasta el refugio: un cartel indicando “sólo quedan 30 minutos!” nos hacía pensar que lo mas difícil había pasado, pero no!. Comenzamos a ver vestigios de la nevada ocurrida 3 días atrás.

Al principio todo era risas y fotos pero mientras más avanzábamos, más se complicaba. Al cabo de unos minutos era todo blanco: un paisaje hermoso, pero con cada paso nuestros calzados se hundían más en la nieve, y más frío sentíamos.

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Al fin llegamos… Refugio Hielo Azul. Esa agradable sensación de entrar y sentir el calor del fogón, poder sentarnos y secarnos, compartir una charla con el refugiero… todo era alegría! Ya quedaría tiempo para pensar en los dos días más de travesía que nos quedaban. Pudimos darnos una rica ducha caliente y cenar al calor de la leña. Nos fuimos a dormir con un cielo estrellado iluminado por una luna casi llena, tanta era la luz del reflejo de la luna que divisábamos claramente todos los alrededores nevados.
Amanecimos comiendo un rico pan casero, tomando unos mates y ya dispuestos a salir, unos pequeños copos de nieve había caído a la noche, así que no había más tiempo que perder.

Comenzamos nuestro ultimo gran ascenso hacia el refugio natación. En teoría era una hora y media de una dura trepada y luego sólo dos horas más de caminata, pero la naturaleza siempre trae sorpresas. A estas alturas, la capa de nieve alcanzaba los 40 cm, lo que hacia muy complicada la subida y aumentaba el esfuerzo físico. Nuestros pies comenzaba a mojarse y el frío se hacia sentir en ellos. Nos tomó casi 4 hs y mucho esfuerzo llegar al nuevo refugio, y el saber que de ahora en adelante no quedarían más ascensos pronunciados nos motivaron a seguir a buen ritmo. Otra vez esa sensación de entrar al refugio y que la persona que está ahí nos reciba con el calor del hogar y una sonrisa nos confortaron. Almorzamos allí – con otro rico pan casero – nos secamos las medias y nuevamente continuamos viaje hacia el Refugio Cajón del Azul donde dormiríamos. Estábamos a 1500 msnm y bajaríamos hasta los 680 en apenas 3 hs. Muchos creen que subir es difícil y bajar solo es cuestión de dejarse ir. Les aseguramos que no todo es tan lógico. Las nubes comenzaban a estar cada vez más cerca nuestro, así que aceleramos el paso. Se divisaba el hermoso cajón del Río Azul, sólo nos quedaba bajar hasta él. Las rodillas nos hacían recordar nuestra edad y nuestra vida citadina. Otra vez esa sensación de llegar a un lugar de refugio. Este último refugio es mas accesible desde el Bolsón (lo cual seria el sendero del tercer día) y por lo tanto es mucho más visitado por turistas. Tomamos unos mates y nos relajamos pensando que ésta vez lo mas duro había pasado ya no más nieve, no más grandes pendientes, no más distancias largas, tan sólo unos 10 o 12 km suaves quedaban.

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Al despertar notamos que el servicio meteorológico no se había equivocado. Era todo lluvia, los que si nos habíamos equivocado éramos nosotros, estas condiciones climáticas sumadas al cansancio serían un nuevo gran desafío. Caminamos bordeando el Río Azul hasta cuando cambia su sentido (ya no es de este a oeste, sino que dobla y pasa a costear la cordillera de norte a sur). Ahí solo restaba cruzar dos puentes y arribar a puesto Wharton.

Fue toda la mañana de caminata bajo la lluvia con frío en el cuerpo casi sin descanso para no enfriarnos más y casi sin tiempo para comer para no mojarnos más. La última subida y ahora a desear que aún no haya pasado el bus, que supuestamente pasaba 1:30 pm (y el próximo a las 6 pm) y ya eran las 2:00 pm. Nos cruzamos una señora que nos brindó la tranquilidad de que aún no había pasado. Esperamos con esperanza en la parada, cambiandonos la ropa y comiendo lo que podíamos bajo el refugio del bus, y a los 15 minutos fuimos recompensados! Sorpresa! Para nuestro gran alivio el bus estaba retrasado y pasó por la parada a buscarnos. A los 15 minutos arribo el bus, bajo una intensa lluvia comenzamos nuestro regreso final al Bolsón. Con frío, todos mojados, pero con la sensación de haber descubierto unos paisajes únicos, de haber vistos pájaros carpinteros a metros de nuestros ojos, de compartir una nueva aventura juntos y de seguir con ganas de caminar hacia la próxima aventura!!!

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