El valor de lo artesanal

Durante este viaje hemos conocido muchas personas y en varios lugares hemos visto ventas de artesanías y de comidas “regionales”.
Sin embargo en muchas ocasiones dudamos cuan artesanal o regional eran estos productos. Hemos cruzado por ejemplo en la subida a Tafi del Valle una camioneta de la cual todos los puestos iban a comprar la misma mercadería, y por supuesto eran todos productos importados o de fabricación industrial.
Esto confirmaba nuestras dudas, y le daba valor a nuestra postura de cuidar el presupuesto y no gastar en estos productos lejos de ser artesanales.

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Cuando llegamos a Santa María (pueblito de Catamarca justo al limite de Tucumán), estuvimos en el Camping El Sol, cuya dueña Nancy es una aventurera, viajante por años, que encontró su lugar en este entorno mágico con montañas coloradas. Fue muy grata la noticia que nos dió Nancy al aconsejarnos visitar un telar con tradición familiar que se mantiene por años.

Llegamos al telar Suriara en el cual vimos a 3 generaciones realizando éste trabajo artesanal de tejido. No sólo eso, sino que la abuela amablemente nos explicó cómo funcionaba; ellos mismos tenían llamas y ovejas que esquilaban, y se tomaban el trabajo arduo de hilar la lana. Nos mostró los diferentes tipos de hilados acordes a diferentes tipos de tejidos, y además explicó que un tejido debía realizarse con el hilado de una misma persona para que el mismo sea bien parejo, ya que dos personas nunca hilan igual. También vimos en detalle los diferentes tipos de telares y técnicas que utilizaban para realizar diferentes artesanías.

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Al preguntar por los precios, vimos que son un poco más elevados que los industriales que habíamos visto en puestos de artesanías “regionales”. Pero cuando preguntamos cuánto tiempo tardaba la total confección de, por ejemplo, un poncho era de 20 días. Es allí donde uno comienza a reflexionar acerca del valor de lo artesanal.

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Seguimos camino hacia el norte y en otros dos pueblos (Seclantás y Molinos) pudimos ver éstos artesanos locales hacer su trabajo a toda hora. Vimos magníficos ejemplares que habían realizado y escuchamos cómo los fabricaban con técnicas antiguas y teñían con productos naturales como la remolacha.

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Otro episodio de éste tipo ocurrió en Cachi, pueblo de montaña de Salta, donde adentrándonos en uno de sus valles vimos muchísimas pequeñas plantaciones. Con la impunidad de ser turistas, nos aventuramos en varias ocasiones dentro de las mismas, preguntando humildemente y con curiosidad de niños citadinos qué es lo que estaban cultivando. Así fue como aprendimos a distinguir nuevos cultivos, y también que en esta zona que parece tan seca, el manejo apropiado del agua permite cultivar en mayoría pimientos, zapallito, maíz, alfalfa, poroto y ahora cada vez más uvas. El trabajo se realiza de forma familiar y manualmente. Preguntamos si podíamos comprar, y la respuesta fue positiva: nos nombraron los vegetales que estaban maduros, pero nos pidieron que esperemos porque tenían que ir a cosecharlos. Que lujo! Nos dió un enorme placer pagar un precio justo (económico para nosotros pero más elevado que el precio de venta a un distribuidor) para un banquete de vitaminas frescas derivado del duro labor de una familia de campo.

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Un pensamiento en “El valor de lo artesanal

  1. Pingback: Los Valles Calchaquíes | Tiempos de Agua

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