Aquí todo es “a criterio”, cachay?

Chile

Entramos a este país hermano por el paso Mahuil Malal (o paso Tromen), bordeando el imponente volcán Lanin y adentrándonos por un hermoso bosque de araucarias. Nos recibía un paisaje muy similar al visto en Argentina pero aun mas húmedo.

Llegamos a Pucon, ciudad turística con algunas similitudes con San Martin de los Andes pero con su propia identidad. Está emplazada sobre una de las costas del Lago Villarrica y cerca del volcán del mismo nombre, el cual se lo puede ver continuamente humeando en su cima.

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Decidimos disfrutar de los senderos (Parque Nacional Huerquehue) y las termas, para luego salir de esta zona turística y aventurarnos hacia lo menos conocido. Giramos al oeste, en búsqueda de las costas del pacifico, y las recorrimos hacia el norte por una parte muy poco turística entre Puerto Saavedra hasta Pichilemu.

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Como este es el primer país que visitamos fuera de la Argentina, llegamos cada uno con algunos prejuicios, pero sobre todo con muchas ansias de descubrir su cultura. Desde Argentina, se tiene una imagen de Chile muy influenciada por los EEUU, y es lo que nos habían comentado nuestros amigos que ya lo habían visitado. Al entrar a los supermercados podíamos ver que era cierto en alguna manera ya que conseguimos todo tipo de productos importados, muchos de Estados Unidos, y ninguno de producción local.

Cuanto mas viajábamos, mas descubríamos que en realidad es un típico país de Latinoamérica con sus falencias y sus encantos, sus injusticias y su calor humano. Algo que nos impactó es que aquí todo tiene precio: un baño en una estación de servicio, la información turística siempre se orienta a empresas privadas, una ducha en el camping se paga aparte. Cada extra y para cada pregunta, la respuesta viene muchas veces acompañada de un precio, y siempre se puede negociar! Algo que en un principio fue chocante pero con lo cual aprendimos a convivir poco a poco.

Toda la costa que recorremos está habitada por pescadores y comunidades mapuches, muchísimas más que del lado argentino, a las cuales se les han regresado largas extensiones para sus territorios comunitarios. Es interesante ver que los conflictos con el territorio y la ocupación es similar en toda Sudamérica.

El pacifico nos regala paisajes increíbles con costas de acantilados y olas inmensas solicitadas desde el mundo entero. Nos encontramos con gente súper agradable, apreciamos la cultura de vivir del mar (hasta se comen las algas, “cochayuyo”) y de cómo se siguen recuperando luego del terremoto y del tsunami del 2010. Aun se pueden ver las secuelas de ésta catástrofe natural, pero la gente volvió a sus lugares y con ayuda del estado y mucho trabajo propio han reconstruido la mayoría de las propiedades.

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Nos sorprende que las construcciones son casi todas de madera, y las casitas pintadas de todos los colores, que dan un atractivo más al propio natural de la costa pero que son muy frágiles frente a las intemperie. Mientras viajábamos hacia el norte veíamos mas y mas empresas forestales, y todas plantaciones de pino y eucaliptos; el colmo llegó en Constitución. Llegamos a la plaza principal, vamos a la secretaria de turismo y pedimos un plano, en él vemos una gran zona verde junto a la playa, decidimos ir a visitarla. cuando llegamos vemos que esa zona verde que figura en el mapa en realidad es una gigantesca fabrica de celulosa, que por supuesto quita la vista de la hermosa playa a todos los ciudadanos de Constitución. Frente a nuestras preguntas en la oficina de turismo acerca de esto, la respuesta fue: “Sabemos que contamina, pero es la que emplea a la mayor parte de la ciudad”. Toda similitud con los demás países de America Latina no es pura coincidencia.

Seguimos nuestro viaje disfrutando de mercados en la calle donde se vende de todo. Dándonos el lujo de comprar a los pescadores lo obtenido del mar hacía minutos, o a los productores de frutillas directamente en sus fincas.
Llegamos hasta Pichilemu, playa elegida por surfistas internacionales y con razón, ya que tiene las olas mas grandes que hemos visto jamas. Desde un acantilado pudimos verlos surfeando, un espectáculo que sorprendentemente nos cautivó durante más de una hora.

 

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Continuamos por el Pacifico hasta llegar a Valparaiso, ciudad portuaria recomendada por muchos amigos. Es conocida por sus casitas de colores colgando de la montaña, y sus funiculares para subir a los diferentes barrios. Todo ese colorido, que se mezcla con barrios humildes a su alrededor dan un escenario ideal para expresiones alternativas como las que realizan los grafiteros. Vale la pena recorrerla y el sólo saber que era el lugar de Neruda lo llena de poesía en cada una de sus callecitas.

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Terminamos el día apreciando a los lobos marinos en las costas de Viña del Mar, y con él se acaba esta aventura por Chile: debemos retornar rumbo al cruce internacional con Mendoza en búsqueda de más historias de más Latinoamérica. Nos queda la hermosa sensación de haber descubierto la parte menos turística de chile, tal vez haber descubierto mucho más de Chile, y saber que es un pueblo hermano de Latinoamérica con todo su potencial aún por desarrollar, nos quedan también recuerdos de haber compartido momentos con gente muy amable que nos abrió sus puertas y nos compartió sus testimonios. Hasta pronto Chile!

Para ver más fotos, vayan a la sección Fotos del blog.

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